En la obra se firma todo lo que entra y casi nada de lo que sale. Sin registro de salidas por actividad, se pide otra vez lo que ya hay, falta lo que el sistema dice que hay y el consumo real frente al presupuesto se descubre al liquidar la obra.
El problema no es la disciplina del almacenista: es que el registro está lejos de donde ocurre el movimiento.
Para la conversación: ¿sabe hoy cuánto cemento hay en el almacén de su obra sin ir a contarlo?
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